Una receta que mezcla lo nuestro con un giro inesperado.
La suavidad de la pechuga Campollo se encuentra con una salsa de corozo intensa, dulce y ligeramente ácida, de esas que se quedan en la memoria. Es un plato para sorprender, para salir de lo de siempre sin dejar lo casero, y para llevar a la mesa un sabor que habla del Caribe, de contraste y de buen gusto.